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Maruja Torres, (Barcelona, 1943) es articulista en el diario El País desde hace quince años, corresponsal de guerra en conflictos como Líbano, Panamá, Israel, El Salvador y Guatemala, y novelista.
En 1986 publica su primer libro, ¡Oh es él!, viaje fantástico hacia Julio Iglesias. Le siguen libros de periodismo y viajes hasta que en 1998 saca a la luz su primera obra de ficción, Un calor tan cercano, una novela que le vale un premio y el reconocimiento de la crítica.
Entre sus obras figuran Amor América, donde recoge las crónicas de su recorrido en tren por Sudamérica; y Como una gota, recopilación de sus artículos periodísticos. Su vida y andanzas durante su época de corresponsal de guerra se vieron reflejadas en Mujer en guerra.
En 2000 consigue el Premio Planeta con la novela Mientras vivimos. Posteriormente, ha publicado Hombres de lluvia y Beirut, la amante en guerra.

 

Maruja Torres
Fácil de Matar

Editorial Planeta

Una historia sobre la maldad en estado puro, la ambición y la muerte

«¿Qué haces aquí, resolviendo un crimen que ni te va ni te viene, en un país del que ves todos los defectos, entre gente que puede resultar tan inhóspita? ¿Sufriendo por la falta de amor de un hombre una generación más joven que tú, alguien de quien lo ignoras casi todo? »Sigo mi camino —se responde—. Ésta es, de momento, la caravana que me alberga. Vendrán otras.»

Beirut es una encrucijada, un mundo múltiple en el que confluyen todos los odios, todas las políticas, todos los negocios y todas las razas. Un mundo que Maruja Torres conoce muy bien y que, en esta ocasión, nos presenta alejado de la guerra, pero no de la crueldad. Un mundo donde es muy fácil matar y quedar impune y donde hay que buscar la justicia lejos de los tribunales.

Diana Dial es una periodista retirada que recibe una sustanciosa pensión de su exmarido, lo que le permite vivir como siempre lo ha hecho, como una nómada. Ahora está a punto de abandonar Beirut, donde ha vivido durante dos años, camino de Luxor, en busca de nuevas aventuras, de nuevas caras, de nuevas historias. Lo único por lo que lamenta dejar el Líbano son sus amigos. En especial Salvador Matas, un profesor de español del instituto Quijote, un hombre quince años más joven que ella por el que siente un amor secreto y desesperanzado. También echará de menos a Fattush, el inspector de policía, con quien ha compartido más de un misterio. Y es que Diana, aunque ha dejado el periodismo, mantiene intacta la curiosidad por descubrir lo oculto y eso le ha llevado a convertirse en una especie de detective aficionada.

Unos días antes de que Diana abandone la ciudad, Beirut sufre un nuevo atentado. Tony Asmar, el hijo pequeño de una importante familia de cristianos maronitas muere por el estallido de una bomba colocada en el maletero de su coche. Junto a él mueren también sus dos criadas etíopes, aunque esto no le importe a nadie. Tony Asmar estaba casado con Cora Jimeno, una mujer deslumbrante, una española que había llegado a Beirut buscando fortuna y la había encontrado en la familia Asmar. Diana tiene la sospecha que le da su instinto de que hay algo extraño en la muerte de Tony y está dispuesta a averiguar quién y por qué lo han matado. Por otra parte, Cora, la viuda, le pide ayuda a través de Salvador, amigo de ambas. Cora está convencida de que el asesino de su marido es Samir, el hermano mayor. Samir estuvo implicado en un asunto de espionaje para Israel, un escándalo que la familia había conseguido tapar, pero que Tony estaba dispuesto a revelar para ocupar el puesto de su hermano.

Al entrevistarse con Samir, Diana descubre un hombre desagradable, hipócrita y peligroso, lo que le confirma sus sospechas de que él ha sido el asesino. También la entrevista con la madre de Tony y de Samir, una vieja gloria rellena de botox, le hace reafirmarse en la idea de que ellos son los culpables del atentado. Por las insinuaciones de la madre de Samir, Diana cree que Cora está en peligro, pero cuando intenta avisarla descubre que ha desaparecido. Sin embargo, una nueva información hace que Diana comience a sospechar que hay otros culpables. El embajador de España, gran amigo de Tony y un poco enamorado de Diana, le informa de que Cora tenía un amante, aunque no quiere revelarle su identidad. Pero Diana tiene otras fuentes y descubre por la criada de Cora que esta se veía con Tarik, un atractivo masajista. Salvador se mantiene al margen de la investigación, pero Diana se da cuenta de que oculta algo, de que hay algo que no cuadra en sus movimientos, en los lugares en los que se le ha visto. A pesar del amor que siente por él, Diana es consciente de que es un hombre que nunca muestra sus cartas, que ha mantenido siempre sus puertas y ventanas clausuradas por lo que ella se ha visto obligada a mirarlo a hurtadillas, a aventurar, a inventarle una vida y unos sentimientos que nunca muestra.

Cuando el embajador español aparece ahogado en la bañera, Diana comprende que hay algo que se le está escapando, que está equivocada en todas sus suposiciones y que el asesino o los asesinos de Tony y de las dos muchachas etíopes van a salir impunes de su delito. Pero Diana no cobra en dinero, cobra en justicia, y ella no está dispuesta a consentir que esto pase.

Beirut, la ciudad del crimen y la ocultación

“¿Dónde está la verdad? Pues la verdad no siempre es el hueso que se supone en el centro de la fruta, a menudo la verdad es una sabandija escondida en un pozo de cieno. Hay que ensuciarse las manos para agarrarla, es escurridiza, arrastra hacia el lodo.”

Esta es el tercer libro de Maruja Torres que tiene como marco la ciudad de Beirut, una ciudad alejada ya de los tiempos convulsos de la guerra y que, sin embargo, muestra su cara más cruel. Una ciudad de inmensos contrastes, de personajes poderosos, casi esperpénticos, que chapotean en el poder como patos enfermos, mujeres hinchadas de botox, que se pasan la vida en el gimnasio y en las tiendas; pero también es la ciudad de un gran número de mujeres africanas que son tratadas como ganado, sin derechos, sin nombre, que viven en un régimen de esclavitud ante la mirada indiferente de las autoridades. Una ciudad también de extranjeros desarraigados en busca de fortuna, de secretos y mentiras, de intereses espurios y crímenes ocultos.

Manteniendo esa ironía cínica que caracteriza su estilo, Fácil de matar deja traslucir, sin embargo, una nueva amargura con respecto a la ciudad que ha sido fuente de inspiración y hogar para la escritora durante los últimos años. En esta ocasión, Maruja Torres muestra la cara más siniestra de Beirut, quizá la más cotidiana, la de todos aquellos que exprimen la ciudad, que destruyen su espíritu. La maldad en estado puro.

«En Europa ya no quedan malvados como éstos —piensa Diana, observando a los políticos reunidos para el acto—. En Europa tenemos estafadores, marrulleros, despiadados también, pero mediocres todos. Hasta los políticos bienintencionados lo son.”

La novela posee también un marcado tono íntimo en lo que respecta a la protagonista, que sirve de testigo y cronista de un mundo que se desmorona, pero que también es un vehículo perfecto para hablar de la madurez y del desarraigo. La historia está enmarcada por los acontecimientos políticos y sociales de una ciudad que la autora conoce a la perfección, lo que aporta intensidad, emoción y una visión completa y muy analítica del mundo que describe, gracias a la magnífica formación periodística de Maruja Torres.