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Juan José Millás nació en Valencia en 1946. Es autor de las novelas Cerbero son las sombras (Premio Sésamo, 1975), Visión del ahogado (1977), El jardín vacío (1981), Papel mojado (1983), Letra muerta (1983), El desorden de tu nombre (1986), La soledad era esto (Premio Nadal, 1990), Volver a casa (1990), Tonto, muerto, bastardo e invisible (1995), El orden alfabético (1998), No mires debajo de la cama (1999), Dos mujeres en Praga (Premio Primavera de Novela, 2002), Laura y Julio (Seix Barral, 2006), El mundo (2007), por la que recibió el Premio Planeta, el Qué Leer de los Lectores y el Premio Nacional de Narrativa, y Lo que sé de los hombrecillos (Seix Barral, 2010). También ha publicado los libros de relatos Primavera de luto (1989), Ella imagina (1994), Articuentos (2001), Cuentos de adúlteros desorientados (2003) y Los objetos nos llaman (Seix Barral, 2009). Su obra de corte periodístico está recogida en Algo que te concierne (1995), Cuerpo y prótesis (2001), Hay algo que no es como me dicen (2004), entre otros. Su obra narrativa se ha traducido a 23 idiomas.

 

Juan José Millás
Articuentos completos

Café Literario

“Toda la obra narrativa de Millás es un ejemplo perfecto de literatura crítica. El nombre de ‘articuentos’ para los textos aquí recogidos pretende subrayar su principal peculiaridad: se trata de artículos de opinión porque como tales aparecieron en la prensa pero, por sus características, están más cerca de los textos de ficción, la fábula o el microrrelato fantástico.

El libro, prologado por Fernando Valls, es una recopilación de casi doscientas columnas y artículos publicados en su gran mayoría en El País, aunque Millás es además colaborador de otros medios regionales como La Nueva España, Diario de Mallorca y Levante. Aparece el volumen organizado por temas, con apartados como Identidad e identidades, Los entresijos de la realidad, Moralidades y Asuntos lingüísticos.

Es un hecho que parte importante de la mejor prosa española -y no sólo española- de los dos últimos siglos se ha publicado en los periódicos, pero busquen ustedes en las historias de la literatura al uso el nombre de un articulista cuyo nombre no sea Mariano José y cuyo apellido no sea Larra. No lo hallarán, o lo hallarán porque además escribió poemas, o dramas, o novelas. Pero la novela tardó casi tres siglos en abandonar su condición subalterna de mero entretenimiento sólo apto para ociosos y convertirse en un arte serio, en ascender a eso que ahora suele llamarse canon (y por ello don José María Valverde repetía con razón que Cervantes nunca hubiera ganado el Premio Cervantes); uno sospecha -o desea- que no tardará en ocurrirle lo mismo al articulismo. De ser así, el de Juan José Millás figurará sin duda en un lugar de honor en la literatura española de este cambio de siglo.

Articuentos ofrece una antología, magníficamente ordenada y prologada por Fernando Valls, de los artículos Millás ha publicado en los últimos años en este y otros periódicos desde 1993. El título define la naturaleza híbrida de estos textos, cuyo origen remoto no es difícil rastrear en El desorden de tu nombre (1987). Uno de los temas de fondo de esa novela capital en la trayectoria de Millás es la pugna entre el cuento y la novela, que no se resuelve, y que a partir de entonces lleva al autor a alternar los dos géneros, hasta que el hallazgo de una originalísima fórmula del articulismo fagocita las virtudes del cuento -y, hasta cierto punto, también de la novela, que pasa a alimentarse de ese nuevo género, donde se ensayan, como afirma Valls, muchos de los procedimientos que luego se expenden en aquélla-. El artículo se ha convertido con el tiempo, así, en una suerte de alcaloide de toda la literatura de Millás.

Dice Montaigne que la costumbre borra el verdadero rostro de las cosas. Cápsulas narrativas cuyo significado explosiona en múltiples direcciones, los artículos de Millás constituyen una batalla sin cuartel contra la costumbre: su objetivo es permitirnos mirar la realidad -que para Millás no es sino una construcción cultural e ideológica- como si la viéramos por vez primera, con la mirada virgen del extranjero, en todo su absurdo y su horror, pero también en toda su maravilla. Como escribir consiste en fabricarse una identidad, el instrumento de esa desautorización de lo real -y acaso el gran hallazgo de Millás- es un narrador perplejo y angustiado, siempre al borde de la depresión, incapaz de asumir su propia identidad -esa señora tan escurridiza- y consciente de que siempre es culpable, mientras no se demuestre lo contrario. Es decir: un narrador que es más o menos como cualquiera de nosotros, y en cuya vida de permanente desasosiego y extrañeza, lo irreal -sus fantasmas, obsesiones y deseos- influye de tal modo en la realidad que acaba configurándola y, a menudo, siendo la única vía de acceso a ella. De ahí que Millás opere casi siempre por asociación, juntando ideas, palabras u objetos disímiles y arrancando de ese choque un significado inédito, como si de una especie de greguería conceptual se tratara. Lo admirable, sin embargo, es que, gracias precisamente al penchán fantástico de muchos de estos textos, así como a la capacidad de Millás para abordar los problemas de la actualidad desde el ángulo más inesperado y en apariencia anecdótico, no es impertinente leer este libro como una crónica sesgada, moral y política a la vez, de lo que los últimos años han hecho con este país, una crónica que non exlucye la denuncia, pero sí la moralina farisaica y bienpensante de ciertos columnistas con tendencia al sermón. O dicho de otro modo: bastaría este puñado de textos para demostrar, por si todavía hacía falta, que la literatura periodística de Millás es ahora mismo indispensable.

Javier Cercas, Babelia, 16 de junio de 2001