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Miguel Ángel Poveda León Badalona (Barcelona) 1973. Premio Nacional de Música 2007, en la modalidad de Interpretación, «por su gran calidad y versatilidad y por el interés que ha generado en otros ámbitos de la creación».

Empieza a cantar a los 15 años en el entorno de las peñas flamencas de Cataluña.

En 1993, tras ganar cuatro premios, incluido la Lámpara Minera, (el más preciado del mundo flamenco) en el Concurso Nacional del Cante de las Minas en La Unión (Murcia), empieza su carrera profesional.

Ha participado en los principales festivales de música nacionales e internacionales, cantando en auditorios como el Odeón de París, el Liceo de Barcelona, el Teatro Real de Madrid, el Carneggie Hall y el Lincoln Center de Nueva York, el Wiener Koncerthaus de Viena, el Auditorium Parco della Música de Roma, el Sadlers Wells de Londres.

Ha colaborado con artistas como Santiago Auserón, Enrique Morente, Israel Galván, Eva Yerbabuena, Matilde Coral, Giovanni Hidalgo, Martirio, Rodolfo Mederos, Tomatito, Antonio Carmona, Pasión Vega, Mariza.

Ha participado en diferentes películas con Bigas Luna (La Teta y la Luna), Carlos Saura (Fados), o el francés Nicolas Klotz (La question humaine) y con Pedro Almodóvar (Los abrazos rotos).

Ha grabado, hasta hoy, ocho discos. El último de ellos, Coplas del querer, un CD doble en homenaje a la copla.

Miguel Poveda
Recital Flamenco
en Alcorcón

Los escritores siempre fraguamos nuestra propia tradición. Las tradiciones literarias no pueden ser ni de un solo país ni de una sola lengua ni de una sola época, porque la literatura es un territorio sin fronteras que ya era global mucho antes que existiera el fenómeno de la globalización. Por eso Shakespeare, Homero y Cervantes han vivido a través de los libros que otros hemos escrito y por eso me haría ilusión que Stendhal, Borges y Tolstoi reverberaran en cada obra que yo escriba.

Siempre he creído que en otras expresiones artísticas debería ocurrir lo mismo, pues el teatro, la pintura, el baile y la poesía no son estanterías llenas de frascos cerrados. Así, la paleta de un pintor tiene que ser como un cofre que atesore luces, colores y trazos de todas las escuelas, épocas y estilos de la historia de la pintura, con independencia de la poética de cada artista plástico. ¿Qué más da que se trate de un pintor figurativo o abstracto? Sin embargo, el flamenco es una de esas escasas expresiones artísticas donde siempre se ha valorado más el canon, la ortodoxia y lo que permanece, de modo qué el vino nuevo del flamenco siempre se ha vertido en odres viejos, a pesar de las admoniciones enológicas y evangélicas.

Por todo ello me atrevo a sugerir que Miguel Poveda ha roto esos odres antiguos. Vaya por delante que Poveda jamás ha tenido una mala palabra contra los cantaores clásicos y que siempre ha reivindicado el magisterio de Chacón y Manuel Torre o Marchena y Manolo Caracol. No. Como los guerreros de La Iliada, Miguel Poveda ha recitado en cada entrevista su linaje flamenco y ha enumerado los maestros que admira y de los cuales aprende. A eso no me refiero cuando sugiero que ha roto los odres viejos, porque los odres se rompen mientras canta, como sucede en cualquier accidente laboral.

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Entrevista a Miguel Poveda